¡Asturias en libertad! para prosperar

¡ASTURIAS EN LIBERTAD! para prosperar…

Si, grito ¡ASTURIAS EN LIBERTAD!, y me emociono, y me enfado… Pero escribo después, después de la emoción, del enfado, cuando las palabras sólo eran mordiscos, si, he tenido que dejar paso a la razón para escribir sobre Asturias, porque últimamente ardo por dentro al ver esta región nuestra ya doblada por los golpes de la crisis, y ahora tengo que ser testigo directo de como es maniatada, secuestrada, extorsionada… por sus propios asturianos, si, trabajadores de aquí, de siempre, mineros…, compañeros.

Durante días y cada día, trabajadores de aquí, de siempre, mineros, cortáis carreteras, vías, y hacéis lo posible para haceros notar, pero a costa de nuestros derechos y libertades en muchos casos. Sindicalistas, grandes conseguidores de derechos para los trabajadores y de su prevalencia, ahora atentáis contra ellos, y sois la gran mano que dirige esta barbaridad, porque ahora no nos dejáis ir a trabajar, al comerciante, al que emprende, al autónomo, al pequeño empresario, y al grande, ¿qué más da? Pero no os quedáis ahí, porque cuando convocáis VUESTRA HUELGA obligáis a que sea de todos, cuando podríais hacer fácilmente una gran CONVOCATORIA ASTURIANA, desde la LIBERTAD, desgraciadamente utilizáis las artimañas del decrepito mafioso que no quiere dejar el “negocio”, y esos piquetes se convierten muchas veces en grupos de extorsión que obligan a cerrar locales o colocan barricadas que impiden el paso a sus propios conciudadanos, asturianos también. Leo y oigo ”Paro al 100% en la Cuencas Mineras” pero ¿Cuánto de ese porcentaje de paro es verdaderamente libre?

Me duele Asturias, pero me duele mucho más sus Cuencas Mineras, donde los jóvenes brillantes brillan por su ausencia, se han ido buscando oportunidades dignas de su excelente nivel, han quedado los empecinados y los hijos de los que quieren mantener esta región en el inmovilismo, en la parálisis en la que llevamos años y años, porque el “status quo” beneficia sus propios intereses ¿Dónde están aquellos jóvenes llenos de ilusión que hace 20 y 10 años soñaban hacer cosas en su tierra? Están en Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, París, Londres, Berlín, y un largo etcétera, si amigos, amigas, si, se nos han ido, y más que se nos están yendo, cada día, al igual que las empresas, al igual que los empresarios… pero ¿Quién va a querer invertir aquí? Una región continuamente, convulsa, inestable, de políticos flojos, en declive y en la que sus ciudadanos se dejan amedrentar por un sector minero que tenía que abrirse de una vez a la modernidad y dase cuenta que Asturias necesita ¡LIBERTAD! para prosperar. Asturias necesita avanzar, tenemos que librarnos ya de lo de “Borracha y dinamitera”, y cambiar la imagen que estamos dando fuera que es deplorable, porque ahora las imágenes no corren ¡vuelan! en los medios, y sobre todo en las redes sociales.

Asturias tiene que empezar a abrirse a los cambios, estamos viviendo un mundo de continua evolución y tenemos que ser flexibles, hay que recuperar el tiempo perdido, porque a pesar de asturianos y asturianas de gran valor, empresarios que están abriendo Asturias al mundo y que han hecho un gran esfuerzo por nuestra región, su acción necesita colaboración, la de cada uno y la de todos. Compañeros mineros yo quiero apoyar vuestra causa, y apoyo vuestra “marcha negra”, pero también hay que buscar nuevas soluciones, entre todos tenemos que construir una nueva Asturias, pero en primer lugar ¡ASTURIAS EN LIBERTAD! para prosperar…

(Y si, esta es la versión después de haber reflexionado…)

Ignacio F. Alberti

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Éramos geniales

Éramos geniales, teníamos 16 o 17 años, nos reíamos de nosotros y con nosotros, veíamos películas de los Hermanos Marx y escuchábamos las primeras grabaciones de Les Luthiers. Nos reíamos a carcajadas hasta desfallecer, luego repasábamos lo leído y volvíamos.

Pasábamos mucho tiempo en el parque Dorado de Sama, coqueteábamos algo con el alcohol pero éramos sanos, estábamos sanos. En el parque comprábamos chucherías a Toni, el de Helados Diego, y reíamos con él, no nos importaba la gente, el que dirán. Cuando aquella intima amistad llegó a las miradas de otros, dijeron que éramos gays, nos reímos otra vez, y cuando aquellos y aquellas pasaban a nuestro lado, nos amanerábamos y nos hacíamos sarasas, y nos tocábamos el trasero. La gente se extrañaba y nos reíamos más.

La complicidad era tal que ya sólo servía una mirada. Nos despedíamos delante de casa de Jorge V., no había tregua: un “hasta mañana” y nos íbamos en direcciones equivocadas, cada uno a casa de otro, nos reíamos, “ahora en serio”, ”hasta mañana”, y otra vez, nos reíamos, sin prepararlo, era la química…

Éramos geniales.

No nos importaban mucho las notas, no queríamos destacar, queríamos ser distintos y estudiábamos lo justo para así poder estar más tiempo juntos. Quedar en la Biblioteca siempre había sido normal, ya desde el colegio, desde que provocábamos al conserje, a Suso “el de las naranjas”, cuando devorábamos a los Asterix, Mortadelo, Tintín, los Cinco…, incluso a Doyle y Poe, y curioseábamos todo lo que caía en nuestras manos, éramos “ratones de libros” sin saberlo.

Todos jugaban a Futbol, nosotros a Balonmano.

Todos jugaban al Tute, nosotros al Mus.

Todos jugaban al Trivial, nosotros al Risk.

Con las chicas éramos un desastre pero sabíamos pequeños trucos para que nos prestaran atención, dejábamos resbalar las cazadoras por los hombros para que ellas nos las colocaran o llevábamos libros interesantes que casi nunca leíamos para que se fijaran y darles conversación, ¡que pillines!.

Éramos geniales.

Discutíamos, discutíamos y discutíamos más, por todo, por cualquier cosa, por un pelo, por cinco centímetros, teníamos personalidad, carácter, discusiones de un día, de varios…, en el parque, en la biblioteca, en el autocar, fuera de clase, ¡en clase!… No era cosa de dos, todos se implicaban. Si había peleas no duraban mas de un día, y las resolvíamos entre nosotros, entre amigos, en el grupo.

Éramos los del Gervasio, luego los del Jerónimo González, teníamos identidad, éramos de Sama, Jorge V., Jorge O., Pedro, Luis, Ismael, Paco, Juanjo, Víctor y yo, Nacho, y también estaba Manolo (“Manolainn”), y los que luego vinieron, Adolfo, Miguel, Pablo, Toni, y Ramón, y Álvaro…, y las primeras amigas, Ana Pilar, Carmen, Yolanda y Beatriz, y las que también tuvimos después, María, Marietta, Blanca, Ángeles, Rita y Mónica, Ketty, Nuria…

Éramos hijos de obreros, de mineros, de pequeños empresarios, de ingenieros también, pero todos padres que habiendo vívido tiempos de represión y carencias quisieron darnos lo que ellos no haban tenido, quisieron que fuéramos espíritus libres, pero sabían de sus errores y nos aconsejaban, y nos aconsejaban. Más tarde nos dimos cuenta que ellos mas que geniales eran genios, son genios.

Éramos geniales

En los 90, las últimas olas de “la movida” nos llevaron a su antojo, escuchábamos Radio Futura, Golpes Bajos, Gabinete, Los Locos…, sobre todo Los Locos, nuestro himno “El club del alcohol” , nuestro programa “La Bola de Cristal”. La universidad nos trajo las noches por Oviedo, el Rosal, el Antiguo, “Pasarela” “La Real”…, nos creíamos los “Reyes del Mambo”, algunos llevábamos pantalones anchos, con dobladillo, otros ajustados al tobillo, jerseys holgados, camisas por fuera, colores oscuros…, decíamos que éramos “postmodernos” , en realidad porque estaba de moda, lo habíamos visto, lo habíamos leído, ¡qué guindillas!, unos guajetes, eso es lo que éramos.

Fuimos acabando nuestros estudios y empezamos a seguir caminos muy distintos, hemos encontrado trabajo y prácticamente todos nos hemos casado, uno tras otro, como si lo hubiéramos pactado, y es precisamente ahí, en las celebraciones donde descubrimos que habíamos sido geniales.

El tiempo ha ido pasando y ha ido limando la amistad, la ilusión y la alegría, veo mentes sudorosas y cuerpos menos vigorosos, y yo, yo me he apartado mucho… ahora añoro su genialidad y suena Morricone…, y está Nuddles y Robert de Niro…, y Érase una vez America y Érase una vez Sama y La Felguera y Oviedo…, y me inunda la rabia…, pero he arrancado estas hojas… y arrojo la libreta y respiro y levanto la cabeza y lucho por lo que podría haber sido…, por lo que puedo ser ahora.

Ignacio F. Alberti