Si no te gusta el mundo ¡cambialo!

¡Quiero cambiarlo todo!
Me saldría desde muy dentro a la primera que me preguntaran
¿“Que quieres hacer con el mundo”? preguntaba de forma retorica un escéptico Donald “Shadow” Rimgale (Robert de Niro)
¡quemarlo todo! Decía con regocijo, inquietud y con cierta ansia, Ronald Bartel. , aquel pirómano que se hacía querer y que representaba de forma magistral (una vez más) Donald Sutherland en “Llamaradas”.
Si hoy me preguntaran la respuesta también sería inquieta y ansiosa, no tan catastrófica, pero si similar
¡cambiarlo todo!
Sí, quiero cambiarlo todo, hoy, mañana, todos los días, lo que veo no me gusta y no quiero permanecer pasivo
¿Iluso? ¿Ingenuo?
Puede ser…
Pero lo que no voy a ser es un conformista, un cómodo, y no voy a quedarme mirando “para el otro lado”
Bien, de acuerdo, no puedo cambiar el mundo (¿no?)
No puedo cambiar el mundo en su globalidad, pero si puedo actuar sobre mi entorno, porque pequeñas cosas pueden significar grandes cambios con la potencia suficiente…
Actuar localmente puede repercutir globalmente, sobre todo, teniendo en cuenta, que nos movemos en un mundo hiperconectado donde la información fluye de forma casi compulsiva, vertiginosa…
Amigo, amiga, podemos cambiar lo que nos rodea, necesitamos… ¡colaborar!
Si, tú, yo, aquel, ella, nosotros… nos tenemos que mover con otras personas de nuestras circunstancias y crear colectivos y asociaciones, y hacer fuerza en nuestra comunidad y luchar por … (tu causa)
, porque, al fin y al cabo, quienes cambian el mundo son los individuos, las personas
“Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.” Francois Giraud, escritora y política francesa

Fuera de la política, fuera de los organismos, están las personas… quien no ve cada día algo que le gustaría cambiar? ¿no?

Yo! también tengo una responsabilidad para que las cosas cambien ¿tú no?
Ya nos hemos quejado mucho, ya hemos echado culpas demasiado, más de la cuenta, ahora toca actuar, ahora hay que pasar a la acción
Si no te gusta el mundo ¡cámbialo!

¿yo?, yo hago a mi manera, yo no se… que se yo

Ignacio Alberti

Humanos en el tren… y el AVE silencioso

Me sorprendo escuchando tertulianos de radio de la mañana como se regocijan con la noticia del AVE silenciosoEn este nuevo AVE entre Madrid y Sevilla, los pasajeros “deben respetar el silencio”, por lo que tienen que “hablar en un tono bajo y no establecer conversaciones duraderas”, si, tal cual. No es todo, no se permiten menores de 14 años, ni hablar por el teléfono, y no existe el servicio de ‘bar móvil”… (si, no vaya a ser que a alguien le de por levantar la voz al pedir un café)

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Humanos en el tren, no, no en silencio…

Según ellos, es un acierto enorrrrme, pues, apuntan, están hartos de escuchar en sus desplazamientos conversaciones altisonantes de empresarios y comerciales viajeros, y “aguantar” sonoridades estrepitosas y correrías infantiles..

 

Escucho lastimoso y sorprendido, como digo, pues aun respetando, claro, (“Odio lo que dices pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo” decía ni se sabe), no comprendo los comentarios…

¿Acaso molestan ya tanto las personas a otras personas? 

que triste oir que la gente molesta…

¿Es necesario implantar refugios en los que unos humanos se aíslen de otros?

¿lo siguiente serán bunkers antipersonas?

Recuerdo con nostalgia, con sabor a ensaimada y mantecada de Astorga, aquellos eternos viajes ferroviarios del “Expreso” a Barcelona.. En los 70, los veranos de mi infancia eran de vacación en aquella Barcelona de la época, en un Hospitalet obrero, y el transporte desde Asturias con mis abuelos, Ignacio y Eusebia, iba por tierra, y en aquel “Orient Express” español de serie B

El Expreso, era de todo menos eso… express, uno se pasaba casi 24 horas en un tren de departamentos donde vivía mil y una anécdotas y conocía personas y personajes de todo tipo…  Soldados y militares (que hacían la mili y ¡la contaban!, por supuesto), familias de dos, de tres, de cuatro, de cinco, de seis, de…¡que se yo! (era la vida del “venga a por hijos” o el babyboom que se llama ahora), vendedores que subían y bajaban, cacos y malhechores que entraban y salían (con lo que podían), revisores e inspectores, policías y sabuesos (tras los anteriores), abuelos que se dormían encima, tías (Elisea) que te tapaban aún hiciera 40 grados, novios tiernos, novios calientes (a veces los primeros transitaban hacia los segundos), recién casados, ligones y ligonas, vividores y vividoras, borrachos/as (que vivían eternamente en el vagón-restaurante conviviendo con parte de los que ya he listado), y un largo etcétera que podría hacer la lista interminable si me pusiera a hacer memoria de la buena..

Ante todo, ante todo recuerdo humanos, un fluir continuo de personas en contacto y comunicación, porque lo que había era mucha conversación… ¡que buenas eran! Aquellas bonitas historias de tren…

y también, amigos, lo que había era humanidad, porque allí, en aquellos departamentos, incluso en “luz penumbra” ¿recordáis la luz penumbra? se desplegaba la mesa y se compartía enseres y viandas, fuera quien fuera, sin importar clase o raza..

Hoy, cuando viajo, lo que espero, aparte de llegar a mi destino es… que surja alguna persona con la que compartir…

y aún con sobrecarga de trabajo virtual, porque ese, ese te acompaña…

Un tren silencioso y sin la renovación vital, descontrol, imaginación, alegría desatada de nuestros niños… para mi, es lo más parecido a un tren de “muerte gris”…

 

Pero… que se yo de esto!! a mi… ¡ni caso!

Ignacio F. Alberti

 

 

 

(La sociedad,  necesita que sus políticos y sus personas ilustres estén entre sus ciudadanos, el pueblo, que nos llamamos, que nos pregunten, que se interesen y mantengan conversaciones amables. Qué sitio tan estupendo es el tren… )

no corrupción-honestos

¿Queremos acabar con la corrupción? Seamos nosotros honestos

Corrupción, corruptelas, corruptibles, corruptos…, a todas horas, a todos los niveles, en administraciones, en los partidos políticos, en la empresa, en los medios, en las personas, en todos los sectores…, nadie parece quedar fuera, pero es así, ¿nadie “queda fuera”? ¿podemos generalizar? ¿es España un país corrupto?

No lo creo…

Quizás sea un país enfermo, no os parece… un enfermo “mental”, porque, en mi opinión, lo que nos falta es “cabeza”. Esto…, esto viene de allá, hace, hace ya… de cuando los “dinosaurios” en la España , cuando a alguien se le ocurrió decir “oye, Fernández, no te preocupes por el chaval, te lo enchufo yo en la secretaría”, esto pareció buena cosa y el enchufe pasó a ser práctica y deporte nacional, y empezaron los favoritismos por aquí y por allá, a tontas y a locas (y a otras chicas y chicos de otra reputación), y…, y bueno, luego llegaron las “terneras gordas” y el dinerito a mansalva, que puesto en unas pocas manos mantecosas… nos llevaron al derroche, a las malas inversiones, y así, casi sin querer, llegamos a eso que tan mal suena de malversaciones, sobornos, cohechos (activos y pasivos), etc, etc, etc, que solo de tener que escribirlo ya parece que le queda mal cuerpo a uno, y uno no es, ni ha sido un santo… ¿lo es alguien?

¿Y que podemos hacer nosotros? ¿Qué puedo hacer yo? o ¿que puedes hacer tu?

Mira, yo pienso que podemos hacer mucho, individualmente, y creo que la clave está en cambiar nuestra actitud desde la base, pero sobre todo nuestra mentalidad, tenemos que evitar en lo posible eso de aprovecharnos, y hay que ser honestos.

Hace unos días me encontré en una situación en la que en una prueba automovilística tuve que pagar 5 euros simplemente por ver los coches en boxes, mi hijo tenía mucha ilusión así que aboné esa cantidad. Casi no había ni entrado cuando veo (y oigo) que el chico de la entrada, de unos veintitantos, pasa a unos amiguetes del trabajo con todo descaro e impunidad,  cuando le recrimino su actitud y su falta de honestidad, y aunque se le notaba avergonzado, me espetó que es lo que haría cualquiera y “¿Qué es lo que harías tu?” “¿No harías tu lo mismo?”. Decidí no seguir aquel enfrentamiento… pero, la verdad, es que sus palabras me han seguido  dando vueltas a la cabeza, estrujándome las neuronas…y son el motivo de esta entrada.

George Orwell, en una estupenda (y recomendable) fábula, “Rebelión en la Granja”,  nos cuenta como los cerdos, después de organizar una exitosa revolución de los animales de una Granja de Inglaterra y tomar el mando, al ser los más inteligentes y los mejor dotados para ello, no logran resistirse a la codicia y al poder que les otorga su privilegiada situación, se vuelven corruptos, y acaban adquiriendo los mismos malos comportamientos de los humanos contra los que se habían rebelado…

Evidentemente, el poder corrompe, las situaciones de privilegio se hacen muy golosas y es aquí donde debemos estar atentos para actuar distinto, para hacer bueno, para practicar la honestidad, en cualquier momento, en cualquier lugar…

Quizás aquel chaval, nuestros jóvenes, nuestros hijos, empiecen a pensar de otra manera, si nosotros damos ejemplo…

Y si un día, algunos de nosotros, nos convertimos en los cerdos de George Orwell, aún sin rebelión, quizás ya no nos pase lo mismo que a estos.

 

Ignacio F. Alberti

 

“Dos piernas si, dos patas no. Dos piernas si, dos patas no”

Marketing de zapatillas

Neuromarketing y manipulación o confianza y el “marketing de zapatillas”

Rememorando mis tiempos de venta… y siendo sincero, nunca he sido un comercial clásico, creo que he sido clásico en muy poco, pero en esto menos, posiblemente por una rebeldía innata a hacer las cosas como los demás, o como ellos me decían, o las dos…

Recuerdo haber cerrado pocas ventas “de libro”, o algún acuerdo, más bien he sido de los de negociaciones “amables”, de las que no gustan a los Jefes, ni a las Direcciones de los Departamentos de Ventas, de esas que quedan “abiertas”, precisamente, a la decisión última del cliente, y fiando y confiando mucho a la impronta, la huella que uno mismo dejaba en hombres y mujeres de ese lado, y buscando siempre no ser agresivo y dar buena información, veraz y en síntesis… No, mi labor ha sido siempre buscar el lado humano de las personas y crear confianza, si, eso es, confianza…, si alguien cree en ti es mucho más sencillo que crea en tus productos o servicios…

¿Qué si me ha dado resultado? Bueno, puedo afirmar que pocas veces he tenido problemas de resultados…, excepcionalmente…

Todo esto viene al caso, porque recientemente fui sido invitado a una charla sobre Neuromarketing, y… bueno, antes no estaba muy convencido de esta “nueva” técnica para la promoción, publicidad y venta, pero ahora, tras escuchar detenidamente al experto ponente, puedo decir que estoy plenamente convencido… ¡no me gusta nada! Y es que seguir con manipulación hacia al consumidor, con recovecos y artimañas y generando trapisonda , aunque vengan disfrazadas de ciencia, me parece ir en dirección contraria. En estos tiempos que se habla frecuentemente de marketing de atracción, de marketing de contenidos, de “engagement”, y que muchos ya buscamos otras líneas con el cliente, como es precisamente el compromiso, la implicación, la interacción, la transparencia, y en definitiva… la confianza, venir otra vez a traernos “lo de siempre” resulta molesto incluso, ¿Hasta cuando creen las grandes marcas que van a poder engañar y manipular al consumidor? ¿y si los consumidores nos revelamos y cambiamos nuestros hábitos?

manipulación. neuromarketing

Pienso que las personas, ahora más que nunca, necesitamos confiar en lo que nos rodea, en otras personas, en las instituciones, en las organizaciones, en los políticos, en las empresas, en las marcas… pero nos cuesta, porque nos han engañado mucho, y nos siguen engañando… Para que podamos “llegar” hay que ser humanos de nuevo, volver a los valores, ofrecer transparencia, ser claros, cristalinos, y que la gente se sienta a gusto, que se ponga las zapatillas, porque cuando alguien se pone las zapatillas contigo, es que se siente seguro y confiado, “como en casa”. Parece una broma, pero no lo es tanto, si reflexionamos. Prácticamente, solo nos ponemos zapatillas en nuestro hogar, entre familia, amigos, compañeros…, o cuando estamos en soledad, cuando sentimos que es “nuestro tiempo”, la hora del descanso, del verdadero relax… cuando no queremos que nos interrumpan… si consigues que tu cliente se ponga en zapatillas habrás “llegado” de verdad, lo habrás ganado y será fiel…

Es el “marketing de zapatillas”…

Es el marketing de la verdad, de la confianza, de las personas, de la sinceridad, de la emoción, de lo humano, de los valores, del sentimiento, de las sensaciones, de lo real, de la solidaridad, de la tolerancia, de la sonrisa auténtica, de la generosidad, de la no intrusión, del hogar, de la familia… es el marketing que nos hace poner las zapatillas, es el nuevo marketing que tiene que ser… (pienso)

(Si te ha gustado… ponte las zapatillas, ponte las zapatillas, por favor,…, si, esas, las de siempre…)

Ignacio F. Alberti

“El verdadero humano es el que alguna vez lo dejó de ser”  i.f.a.

"Olores humanos" de Ignacio Fernández Alberti

Olores humanos

Olores humanos, me sorprendéis…., en el autobús urbano, en el metro, en la multitud…, olores del albañil que ha trabajado duro durante el día, del emigrante africano que exuda distinto, de la gitana que tiene otras costumbres, del comercial que ha recorrido calles sin parar, del indigente que ha olvidado su higiene durante días, del joven deportista agobiado por el exceso de calor…

Olores humanos de Ignacio Fernández Alberti

Foto de Payuta Lour

Nos inundan los efluvios de la gente, de las personas, de los nuestros, me es difícil entender por eso, porque son los nuestros, e iguales, esa actitud de algunos, de muchos y muchas, cuando se refieren a sus congéneres con desprecio por su olor, ¿acaso no los llamamos olores a humanidad?, esos “ultraperfumados” hablan entonces, y en general, sin ningún disimulo, de “pestes” y “apestosos”, se apartan, y/o hacen gestos y sonidos desagradables del tipo de “aaag”. Que fácil es, digo, sin tal horrible les resulta, taparse la nariz con un pañuelo, antes de esas muestras de falta de respeto y tolerancia ¿Acaso nunca huelen mal sus honorables cuerpos? ¿Acaso nunca emiten olor? ¿Son nuevos prodigios de la naturaleza? Si, ¡Enhorabuena!

Olores humanos ¡ya estáis aquí! Me alegro, porque quiere decir que no estoy solo y que estoy vivo. ¡Tolerancia! No rechacemos así a nuestros semejantes, a las personas, quizás algún día nos demos cuenta de que solo nos olemos a nosotros mismos, o peor, que no hay ya ningún olor, o sí, pero ya será el de la podredumbre, el de la muerte, y ya no habrá oportunidad para nosotros.

“Fui a buscar un amigo y ya no estaba”

Ignacio F. Alberti

La gente, el pueblo, la persona… la marca personal

Es simpático escuchar cómo se habla de “la gente” como si fuera un ente de un continente o de un planeta desconocido, si, si, porque es muy frecuente que se hable de “la gente” refiriéndose a otros, generalmente diciendo nada bueno, así podemos oír cosas como “dice la gente que quiere cambios y luego vota lo mismo”, “la gente está muy mal”, “la gente está que explota”…; algo parecido pasa con “el pueblo”, que parece que no hay nadie, o muy pocos que se identifiquen con él, es como que pertenecer a “el pueblo” es ser de una categoría inferior. Los casos han sido múltiples durante la campaña electoral: “Lo que se merecen los políticos es que el pueblo no les vote”, “El pueblo tendría que salir a la calle a manifestarse”… esto me recuerda a lo que se decía en tiempos de Carlos III, “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, aunque, ahora, en estos tiempos de crisis en democracia que nos toca vivir, casi sería “un poco para el pueblo pero con el pueblo”. Pero volviendo al tema, yo creo que está claro que somos gente, que somos pueblo, incluso que somos masa (masa social), porque todos somos personas, porque es la condición que nos hace a todos iguales, lo que nos hace diferentes, especiales, aparte de las evidentes características naturales, son nuestras cualidades y aptitudes, por eso tenemos que buscar en nuestro interior, mirar hacia dentro y localizar lo que nos distingue.

Oigo a muchos y muchas hablar de las mayorías, de las muchedumbres, de las masas de personas en tonos tan despectivos que dan verdaderamente miedo…, para ser especiales no hace falta denigrar a los demás, porque el asunto no es estar “por encima de”, se trata de destacar por nuestros propios valores y méritos. Lo que nos distingue está en nuestro interior, es nuestro verdadero yo, es nuestra esencia… busquémosla, y tendremos la estrella de nuestra marca personal.

“Lo que te hace único, te hace exitoso”. (William Arruda)


Ignacio F. Alberti